
Vaya envidia la mía no poder asistir al Teatro Real de Madrid para disfrutar otra tremendura tremendista de Arrabal: esta vez, su Fausto mefistofélico y psicodelirante. Por lo pronto, voyeurándome este par de fotos y nada
+.

El añejo y proverbial mecanismo de defensa del humor versus la sobredosis de hiperrealidad imperante, inoperante, espeluznante, rebuznante. Esperpentos que les dijo Goya.
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